El derecho de los intolerantes

Es curioso escuchar la retórica de los sectores religiosos y conservadores hoy día.

Movimientos en pro de los derechos humanos han arropado la cobertura mediática desde que varios países y naciones han optado por reconocer los derechos de las parejas del mismo sexo. Ante tal escenario, los grupos fundamentalistas han respondido con marchas, consignas y toda clase expresiones en defensa del matrimonio y el derecho a la vida. Naturalmente, renace el conflicto entre fuerzas progresistas y conservadoras.

Todo esto es bastante común, hasta que los conservadores alzan la bandera del derecho a la libertad de expresión. Me planteo entonces, por pregonar tolerancia y aceptación ¿debemos callar ante quienes no la auspician? El hecho de que acepte la diversidad de pensares no es impedimento para confrontar a quienes amenazan los de otros con los suyos.

Es válido constitucionalmente alegar que existe un castigo intangible y celestial si no se acatan a las reglas de un ser invisible escritas en un libro milenario. Lo que no es válido es, por ejemplo, secuestrar nuestro ordenamiento jurídico amenazando con votarle en contra al político que se atreva a proponer despenalizar delitos como la sodomía. No fue hasta 2003 que el Tribunal Supremo de EE.UU. expresó que es inconstitucional penalizar la sodomía. Al sol de hoy, todavía existen organizaciones religiosas que cabildean por la inclusión de la sodomía en el código penal.

El hecho de que la homosexualidad y el aborto no sean cónsonos con su manera de pensar no quiere decir que sea válido sostener que se les está imponiendo una manera de pensar. No se obliga a nadie a abortar ni a tener una preferencia sexual. Al contrario, se protege el derecho a vivir como más le plazca al individuo. Los llamados sectores liberales o progresistas solo subrayan que ni el estado ni la religión deben intervenir en la intimidad de las personas. Mientras que un grupo se limita a defender su derecho a la intimidad, el otro se dedica a atacarlos directamente con acciones legislativas como acabamos de ver.

Estas instituciones han perdido terreno con el pasar del tiempo, gracias en parte a fuerzas de corte laicas y progresistas. En reacción a esto, muchos alegan que los sectores religiosos son excluidos del debate político de la Isla.

Es un poco difícil tomarlos seriamente cuando sus argumentos se basan en una religión que no todos seguimos. Existen tantas denominaciones religiosas que sería inconcebible darles un espacio en la política, además de quienes no creemos en la existencia de un ordenamiento celestial/cósmico. Esto se trata de que la democracia es un asunto que beneficie a todos, no a un sector u otro. Nadie ha propuesto la destrucción de la religión ni que se denomine ilegal.

En este caso particular, se trata de que todos y todas tenemos derecho a que nadie nos dicte que hacer con nuestra intimidad.

La “agenda gay” no es otra que no sea retirar las limitaciones del estado para vivir de manera equitativa con el resto de la sociedad. No es un intento de homosexualizar la población. El aborto es una elección personal de cada mujer, su cuerpo se rige por sus reglas.

Léase también;

1. http://corp.primerahora.com/archivo.asp?guid=E45127A64AD346239AF9364BB96BF440&year=2003&keyword=
2. http://www.puertorico-herald.org/issues/2003/vol7n26/Media1-es.html

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